
Dos mujeres se encuentran revisando los cajones de un placard, toman las prendas, las doblan y las van guardando en cajas. Leonor saca una gran caja y la apoya sobre el toilete estilo chippendale. Comienza a extraer ovillos, carreteles de hilo, cajitas con botones, piedritas, pequeños retazos de telas de distintas texturas. “El costurero de mamá, forrado por ella, prolijo y ordenado como todas sus cosas”, comenta. De pronto muestra varias cintas de tela roja ¡Mirá! ¿Te acordás para que usábamos esto? Interroga a la otra mujer.
Las dos se miran y echan a reír.
¡Era bárbara mami! Exclama Leonor.
Y contradictoria, muy severa para algunos temas. Responde Lucía en tono crítico.
Pero cuando nos ayudaba a hacer estas cosas ella se proyectaba. Parecía otra. Sabía muy bien de qué se trataba. Responde Leonor en tono más suave. Siempre tuvimos su complicidad, expresa mientras se recuesta sobre la cama y comienza a jugar con las cintas rojas. Las envuelve en sus dedos, las desenvuelve, dibuja ondas en el aire. Prosigue: Las “chicas” nos llamaba. Salimos a ella por lo habilidosas ¿no? Hacíamos unas banderas norteamericanas tan primorosas que daba lástima quemarlas. Mientras pronuncia esto último busca los ojos de su hermana con una sonrisa cómplice que es correspondida por aquella.
Tenés razón, ella disfrutaba participando con nosotras, asiente Lucía. Siempre tan previsora, hasta guardaba las barras de la bandera yanqui para la próxima vez que las necesitáramos y aquí fueron quedando, en un rinconcito de en su costurero.
Poco a poco la lucha se iba endureciendo, comenta la que juega con las cintas. Fue en mayo de 1969, agrega, ahora con expresión más seria.
Qué susto se llevó tía Amalia cuando llegué corriendo de la policía y me refugié en su casa con los ojos rojos por los gases lacrimógenos. No habíamos podido realizar una asamblea, nos dispersaron brutalmente, acota Lucía mostrando consternación.
Y después, a los pocos días, aquel sábado - comienza a rememorar Leonor- nunca me voy a olvidar. Pasado el mediodía llegó Beto, el correntino, (esboza una sonrisa al nombrarlo). A veces llegaba a esa hora, por si había algo del almuerzo, prosigue. Venía de la Asistencia Pública repitiendo algo que yo no entendía o no quería entender. Como una estúpida yo insistía en organizar el casamiento del Mendocino y la Flaca*. Entonces tomándome del brazo con fuerza me recriminó serio: ¡Atendeme, pasó lo mismo que con Cabral en Corrientes!” ¿No entendés? Agrego apretando los dientes, como hablaba él.
Yo estuve allí, - responde Lucía en voz baja- había ido a reunirme con mis compañeros de Bellas Artes. Seguía el paro por la muerte del estudiante correntino. Salimos a la calle hacia Córdoba. Otros venían del Comedor Universitario. Gritábamos, puteábamos a la cana. Había corridas. Llegaba a la puerta de la galería Melipal cuando escuché el disparo. Unos salían corriendo, nos empujábamos. Una marea humana me llevaba. Escuchaba un murmullo a lo lejos, lo hirieron…se está muriendo…Tenía miedo, era muy piba. Perdí la noción del tiempo. (Se cruza de brazos como si sintiera frío). Había sucedido todo en segundos, como en una pesadilla. A mí me parecieron horas. Fuimos a la Asistencia Pública no se como. Cuando llegamos ya había muerto. Tampoco sé como llegué a casa. Vine descompuesta a media tarde, no había almorzado pero vomité. Me encerré en el dormitorio. No hable ni comí nada por el resto del día.
El estudiante se llamaba Bello, ¿recordás? Era de las Rosas. Cuando Beto me lo dijo tomé conciencia, comprendí todo. Unos mataban y otros morían. Nosotros habíamos quedado del lado de los que morían, afirma Leonor bajando la voz mientras dobla las cintas y las guarda cuidadosamente en el costurero. En el espejo del toilette se encuentra con la imagen de su hermana enjugándose las lágrimas.
Berta Temporelli -Escrito en agosto de 2006.
“Y nos casamos un día de huelga general, cuando en Argentina esta palabra era sinónimo de inmovilidad total. Por lo demás, ayer como hoy la huelga tenía motivos políticos. Eran los tiempos en que la policía comenzaba a ser adicta a matar estudiantes. De modo que en cualquier esquina, a cualquier hora podía estallar la vocinglera ante un carro de asalto de las llamadas fuerzas del orden.”¡Asesinos”!
“A-se-si-nos”. El grito democrático de aquellos años de Onganía…
*Esther Andradi, (la Flaca a quien Leonor y Beto le organizaron el casamiento)
"Come, este es mi cuerpo". Ediciones Último Reino, 1997.
- Publicado en el suplemento Señales del diario La Capital, 17 de mayo de 2009 :
"El término Rosariazo suele provocar discusiones. Los historiadores suelen distinguir entre los hechos de mayo, la secuencia de crímenes que une los nombres de Juan José Cabral, Adolfo Bello y Luis Blanco, de las grandes movilizaciones de septiembre, cuando los trabajadores se adueñaron de la ciudad: la Marcha del Silencio y el Rosariazo, respectivamente. La distinción es pertinente, tiene otros matices y su discusión está lejos de agotarse. Lo que nadie discute es que 1969 inscribió una de las marcas constitutivas en la historia de la ciudad, un corte que abrió el paso a una etapa cuyos efectos son parte del presente"
Comprenden porqué me asumo orgullosamente "sexagenaria sesentista"? Allí estuvimos nosotras, las jóvenes de los ´60. Abriendonos paso y despojándonos de los prejuicios de esos años. Enarbolando banderas, defendiendo ideales, construyendo utopías. Pero también enamorandonos, y junto a ellos, nuestros compañeros, compartimos aquellos versos de Mario que parecían escritos para nosotros:
Te quiero
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada;
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca;
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo.
Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aurora
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
Tte quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Mario Benedetti
Imagen: Suplemento Señales, Diario La Capital, 17/05/09