martes, 19 de abril de 2011

19 de abril: Día del aborigen.



AÑO 1530 - PESTE

"ÉRAMOS DIEZ MILLONES DE INDIOS
ENTRE LOS VALLES Y MONTAÑAS
HOMBRES, MUJERES, VIEJOS, NIÑOS
EN NUESTRO REINO DEL PERÚ.

NUNCA SUPIMOS DE LA PESTE
HASTA QUE EL ESPAÑOL LLEGO.
FUIMOS MURIENDO LENTAMENTE
BAJO LA FIEBRE Y EL DOLOR.

LA MARAVILLA DE NUESTRO REINO SUCUMBIÓ
A LA TORTURA, LA ESCLAVITUD Y LA ENFERMEDAD
NUNCA SUPIMOS COMO VIVIR SIN LA TRADICIÓN
HEMOS PERDIDO JUNTO A LOS NUESTROS
LA LIBERTAD".
Fragmento de Taky Ongoy, de Víctor Heredia.


El 19 de abril de 1940 fue instituido por el Congreso Indígenista realizado en Méjico el “Día del aborigen americano”o Día Americano del Indio”. A partir de 1945,Por decreto del poder Ejecutivo Nacional N° 7550, esa fecha reivindicatoria de los derechos de los aborígenes se reconoció en todo el territorio argentino.




Imágenes:Foto superior,Google.
Fotos inferiores de Berta Temporelli.Inscripción que se encuentra junto a la capilla de la foto de abajo, en la calera ahora abandonada que funcionó dentro del Parque Nacional "El Palmar", Entre Ríos. Tomadas el 2/4/2011.

sábado, 9 de abril de 2011

Del amor y los dinosaurios.

"Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
Pero los dinosaurios van a desaparecer".
Charly García







La biblioteca Popular para el Desarrollo Social se encuentra ubicada en la calle Marco Polo 331, a pocas cuadras de mi casa, en la zona sur de Rosario. En ella coordino desde diciembre del año pasado el taller “Contame una historia”.
En la institución se realizó el próximo 23 de marzo pasado, una jornada de reflexión acerca del golpe de estado de 1976.

Entre los presentes se encontraban Teresa, María del Rosario y María Gracia, hermanas las dos primeras y sobrina esta última de la escritora María del Carmen Sillato, oriunda de la ciudad de Rosario, quien reside desde comienzos de los 80´ en Canadá.

Ma. del Rosario, “Charito”, se refirió a la experiencia vivida por su hermana a comienzos del año 1977. Esta, embarazada, fue secuestrada en la zona sur junto a su esposo. En este estado, la joven fue torturada en reiteradas oportunidades. La pareja posteriormente permaneció en condición de detenida hasta fines de 1980. En esas circunstancias, la mujer dio a luz a un niño, Gabriel, y pudo conservarlo a su lado s hasta que este cumplió seis meses, pero luego fue separado de su mamá y entregado a la familia materna.

Charito se encargó de la crianza de Gabriel mientras registraba diariamente los progresos del mismo.

María del Carmen guardó en su memoria las torturas y vejámenes sufridos por ella y las otras detenidas en el centro clandestino de detención de la ex Jefatura de Policía de Rosario, su paso por la Alcaidía de Mujeres de la misma y la Cárcel de Villa Devoto. Después de muchos años decidió narrarlos y plasmarlos en un libro en el que se complementa con el diario de María del Rosario.

Comprometida con la memoria, Sillato recuerda en su relato a los niños nacidos en cautiverio, narra lo vivido por sus compañeras detenidas, entre ellas Estela Hernández, actual querellante en la causa Díaz Besone, y por los detenidos desaparecidos Marisol Pérez y Carlitos Wagner, todos militantes de la JP. Zona Sur.

“Diálogos de amor contra el silencio”, tal como su nombre lo expresa, está impregnado de ese sentimiento que dio fortaleza a la protagonista y se manifiesta intensamente en la descripción del reencuentro de la madre y su hijito, una vez recuperada la libertad, expresaron sus familiares.

Chari culminó su relato embargada por la emoción que le produjo descubrir que la biblioteca se encuentra ubicada a pocas cuadras de donde vivían la hermana y su compañero cuando fueron secuestrados.



Un ejemplar del libro, junto con otro de “Huellas, memoria de la resistencia argentina 1974/1976”, recopilación de testimonios de detenidas políticas realizada por María del Carmen, fueron donados a la biblioteca por las familiares de la autora.

Imágenes:Berta Temporelli
Foto superior: Leandro Uset, Coordinador de la Bibliteca, María Gracia,Teresa, yo y Charito Sillato.
Foto inferrior: Asistentes coordinadores de la Institución.

lunes, 21 de marzo de 2011

Quisiera


Quisiera contarte una historia de un recuerdo que no tengo.
Quisiera contarte de cuando tenía tu edad, o de unos años antes o de unos después. Querría y quiero pero no puedo.

Tu preguntar es insistente y me pone a prueba, me somete al recuerdo, ese que nunca tuve y ese que no quiero recordar que no tengo. Ante la negativa te alejás, seguís con tus cosas, yo me relajo y me siento aliviado. Al rato, o mañana, o después, regresás insistente: ¿Cómo se llamaban tus compañeritos de escuela?, ¿Cuántos años tenías cuando tu primera bicicleta?, ¿eras bueno en el fútbol cuando tenías siete como yo?...

Quisiera y mientras quiero sé que no puedo. Sé que no puedo responderte por no poder recordar.

Quisiera contarte y no recuerdo, juro no evadirte, pero qué y cómo decírtelo.
Pasan las horas, los días, la vida. Pasan los que te quieren y los que te quisieron. Pasan los que están y los que se fueron. Pasa todo lo que tiene que pasar y sigue la interminable construcción de ser, de seguir siendo.

Quisiera y lo intento más, me esfuerzo hasta el hartazgo y no lo logro.
Quisiera y como sé, ya, imposible, al recuerdo lo invento de la imagen de una fotografía.

No te conforma, como no conforma a nadie la mentira.

Quisiera y es, ya saber… nunca poder.
Quisiera y no.

Quisiera que no insistas, me duele el dolor.

Quisiera yo y sé que vos querés saber. Pero no está, se fue… todo se fue con él.

Tendré que pedirte perdón, el día en que entiendas que su muerte es más que un feriado. Cuando logres poder ver más allá de lo concreto, cuando sientas como su muerte nos atravesó la vida. Prometo pedirte perdón. Ahora solo te cuento la historia que nunca hay que dejar de contar.

Quisiera decirte un día que recuperé mis recuerdos, que logré que sea uno y no 30 mil, no sé si podré… pero quisiera.

Entre tanto te doy lo único que recuerdo, lo único que no lograron desaparecer. Te doy su valor, la fuerza moral de quien no se deja dominar ni abatir, esa que lo mantuvo en pie, hasta que llegó la orden de disparar.


Escrito el lunes 21 de marzo.
Federico Tabares, hijo de César Tabares, detenido desaparecido el 6 de enero de 1977.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Guardapolvos blancos




A las amigas y amigos blogueros:

En conocimiento de que hay docentes y alumnos interesados en rastrear las historias de las instituciones educativas en internet, creí oportuno reunir en un nuevo blog: "Guardapolvos blancos", el material que con esa etiqueta fuera publicado oportunamente en "berturquesa". El mismo, respetando los contenidos y los comentarios que valoro muchísimo y agradezco, ya que enriquecieron mi trabajo están a disposición en:
http://guardapolvosblancos.blogspot.com/

jueves, 29 de julio de 2010

La novia del Negro.



Ahora puedo confesarlo, yo era la novia del Negro. De ese tipo de novias que nos enamorábamos de un chico en la primaria y decíamos “es mi novio” aunque él no lo supiera y no nos diera bolilla. Porque puedo afirmar con celos que no era la única.

Es que el muy seductor, histeriqueaba con cada una de nosotras cuando halagaba la belleza de la mujer rosarina. Si hasta nos convencía cuando afirmaba que la hermosura de nuestros cuerpos había sido modelada a fuerza de bajar al río Paraná a lavar la ropa, aunque ya hace un siglo que en Rosario hay agua corriente y como 40 años que usamos lavarropas.

Abuelas o en edad de serlo, seguíamos sintiéndonos las hermosas destinatarias de sus piropos, locamente enamoradas de él, y algunas hasta le escribieron poesías y se abrieron paso a codazos para entregárselas, como cuando eramos las chiquilinas del Normal.
Tu novia secreta Berta Temporelli


A tres años de tu partida:
¡Gracias querido Roberto Fontanarrosa por por tu inefable humor!

sábado, 3 de julio de 2010

Palabras nuevas




OCULTOS Ciclo organizado y coordinado por Ivanna Simeoni,"Pipu",quién tuvo la deferencia de invitarme. Este es el texto que leí:



PALABRAS NUEVAS


Agosto de l976.Un día frío y húmedo. Las primeras horas de la tarde. Lo último que guardan en la baulera del ómnibus es la pelota de cuero de mi hijito. ¡Mi gol! ¡Mi gol! Reclama. En su media lengua le resulta más fácil llamar gol a la pelota, viaja sobre mi falda y la de la nona. Juega inocentemente. Repaso en mi mente los días…

Dejamos el nene en lo de mis viejos y pasamos la última noche en un hotel por horas. A la mañana siguiente parte. El dinero le alcanzó justo para un pasaje que lo saque del infierno. No nos vemos desde entonces. Más de un mes.

Deambulo con mi hijo a cuestas durmiendo cada noche en casa de un familiar distinto. El último día de trabajo en la escuela Musto. Mi compañera presiente porqué me voy. Quisiéramos darnos un abrazo. Nos despedimos como todos los días.

Hoy al fin hemos podido emprender este viaje que ahora se hace interminable. En cada parada mi chiquito reclama ¡Mi gol! Después se conforma, sabe que va a ver a su papá. Se duerme con un cuento de su nona criolla. Mi vieja. Hace un año tiene una hija presa, con mi viejo le crían los chicos. Le sobró voluntad para acompañarme.

Llegamos a la mañana siguiente, después de más de diecisiete horas de run run. Cargamos bolsos y valijas en un taxi, él lleva su “gol”. El sol comienza a picar.

El puerto parece un hormiguero, gente humilde viene y va con bolsos y paquetes. Nos embarcamos apiñados, en una de las lanchas precarias que cruzan el río.

¿Nos alejamos de qué? Busco las palabras…Patria, utopías, realidad, pesadilla. Todas me duelen.

El sol se refleja en cada trocito de la superficie del agua, estos vienen, van, se unen, se separan. Como cada una de las palabras con las que he formado las imágenes del terror.

Se llevan a alguien, lo largan a los dos días, le pide a un amigo en común: “avisales, que se vayan, me preguntaron por él y por el flaco”.

Pocos días después van a buscarnos al domicilio donde habíamos vivido hasta el año anterior, nos llaman a gritos. El departamentito está desocupado. Saltan el tapial, abren las puertas de las habitaciones a patadas. Revuelven unas pocas cosas inútiles. Suben a la terraza. Se descuelgan de los techos a los departamentos contiguos, sacan a los vecinos en calzoncillos al patio, hace un frío terrible.

Las imágenes se repiten, las desarmo, se vuelven a formar.

Ya es medio día y sol abraza cuando diviso la otra orilla.Todo el paisaje tiene el tono rojizo de la tierra.

Escucho palabras nuevas. Encarnación suena como el nombre de una tía, Paraguay es melodiosa como una guarania. Las paseras cargan sus bultos en la cabeza, se apresuran a bajar. Una nube de mbarigüis nos sobrevuela, hay una hilera de karumbés aguardando pasajeros. Él nos está esperando. Nuestro hijito corre a sus brazos con su pelota. Nos abrazamos los tres. Gerardo es feliz, le basta con saber decir papa, mamá, gol. No conoce esa nueva palabra: exilio.
Berta Temporelli
Junio de 2006
Mi participación se completó con la lectura de "Agarrate Catalina", que subí al blog el año anterior y pueden buscar en la columna de la derecha.


Foto de arriba: Izquierda, Berta, centro, Pipu y Fabricio Simeoni, derecha, Rosi,del Taller "El libro de arena"

foto de abajo:En plena lectura.

lunes, 19 de abril de 2010

!Festejando el primer año de mi blog!

Hace unos minutos mi blog cumplió un año.

Para celebrar tal acontecimiento con mis blogueramigos, acá va un texto publicado en "El libro de los talleres" de Editorial Dunken en 2008 que fuera presentado en la Feria del libro de Buenos Aires ese año.


El chupasangre
El chupasangre, metafóricamente hablando, existe desde que comenzó la explotación del hombre por el hombre. Ya dio cuenta de ello don Carlos en dos volúmenes hace más de un siglo.

Me ocuparé del tema desde mi visión individualista de atribulada pequebú:
Lo amé con locura desde el primer momento en que lo vi, no me avergüenzo. Me sentí joven, todo en mi interior bullía. Percibí que yo también lo atraía notablemente a pesar de la diferencia de edades. Me propuse desplegar todos mis artilugios de seducción de mujer experimentada para retenerlo mientras recordaba aquella canción de Zitarrosa: ..."puedo enseñarte a volar pero no seguirte el vuelo"...
Le ofrecí mi almohadón tibio. La otra enloquecía de celos aunque trataba de disimularlo. Perdía terreno, no podía competir conmigo, era una joven bastante inexperta.

Yo lo colmaba de caricias y atenciones. Le regalaba ropa de marca. Comenzó a pasar más tiempo en mi casa que en la de ella. Fui descubriendo cuales eran sus comidas preferidas y se las preparaba. Él me esperaba en la puerta, salía a recibirme con un beso. Hacíamos juntos las compras, era atento, cargaba mi bolso. Colaboraba en algunas tareas hogareñas. Noté que aumentaban notablemente las cuentas de teléfono que yo pagaba.

Comencé a ordenar la ropa que él dejaba en cualquier lugar. Yo había aprendido que ellos nunca se fijan donde dejan sus prendas, además no quería parecer una maniática obsesiva del orden como la otra. Mi espacio físico poco a poco se vio invadido por sus pertenencias desparramadas por toda la casa.

Él, pendiente del cronograma con que percibía de mis sueldos, comenzó a solicitarme dinero para sus gastos, a cargar alguna compra a mi cuenta. Fue retaceando la colaboración con las tareas domésticas.

Me suscribí a banda ancha, pero nunca pude usar mi PC. Se había apropiado de mi espacio virtual, abría mi correo, chateaba hasta la madrugada.

Yo, que nunca había permitido que ningún hombre de los que tuve a mi lado se tomase atribuciones propias de la cultura machista, había depuesto mis principios, era una claudicante, una traidora a la causa.

Él había comenzado a crecer instalado cómodamente en el almohadón de plumas que yo le había brindado, hasta transformarse en un insaciable chupasangre.

A pesar de todo aun lo amaba y continué desviviéndome por él. Hasta me escapaba de mi trabajo antes de hora y me tomaba un taxi para esperarlo con su plato predilecto. Ya no salía a recibirme. Me besaba sólo si yo se lo pedía.

Mi intuición me dijo que ya no era ni mío ni de la otra, que existía una tercera. Era de esperar. Necesita sangre joven, pensé, pero no me resignaba a perderlo. Comprendí que siempre lo amaría.

Se había marchado hacía días, por eso, al verlo en la puerta esperándome, mi corazón dio un salto de alegría. El se acercaba hacía mi. Yo puse la cara para que me besara. Rozó apenas mi mejilla y me dijo secamente: - Abu, necesito guita para comprarme una mochila.